Sobre mí
Mi camino no comenzó porque tuviera todas las respuestas
Comenzó precisamente porque necesitaba encontrarlas.
Me llamo Mariana De La Mora y acompaño a personas que están hartas de vivir desde una herida que no eligieron. Sé cómo se siente porque yo estuve ahí.
La niña que se quedaba sola

Mi papá se fue. Eso es lo primero que hay que decir, sin adornos, porque así lo viví: se fue.
Y mi mamá salió a trabajar. Hizo lo que tenía que hacer, lo que muchas mujeres hacen y nadie les agradece. Pero yo era una niña, y las niñas no entienden de necesidades económicas. Entienden de puertas que se cierran y de casas en silencio.
Yo entendí otra cosa: que si se iban, algo debía estar mal conmigo.
Esa idea no se queda en la infancia. Crece contigo. Se disfraza de exigencia, de complacer a todo el mundo, de aguantar lo que no se aguanta, de elegir a personas que no pueden quedarse para confirmar lo que ya creías.
Yo la cargué muchos años sin saber que la estaba cargando.
Lo que la vida siguió poniendo enfrente
Navegué la tristeza. La inseguridad. El abandono en sus distintas versiones.
Viví el dolor de una relación que se termina, ese en el que no solo pierdes a la persona: pierdes la vida que ya habías imaginado con ella.
Y viví pérdidas. De esas que te obligan a aprender que hay cosas que no se arreglan, solo se atraviesan.
Durante mucho tiempo funcioné. Que no es lo mismo que vivir.
El punto de quiebre
La depresión posparto: la puerta que no quería abrir
Cuando fui mamá, me esperaba lo que a todas nos cuentan. Que sería el momento más feliz de mi vida.
Lo que llegó fue una depresión posparto importante.
No voy a hacerla más bonita de lo que fue. Fue oscura, fue larga y fue solitaria, porque además del dolor está la culpa: cómo le explicas al mundo que tienes en brazos lo que supuestamente más querías y por dentro estás desapareciendo.
Hoy la agradezco. No la romantizo, la agradezco: fue la puerta.
Fue el momento en que dejé de aguantar y empecé a buscar. Fui a terapia. Empecé a estudiar. Y por primera vez me atreví a mirar mi infancia completa, sin la versión editada que me contaba a mí misma para que no doliera tanto.
Ahí encontré a la niña que se quedaba sola. Y ahí empezó todo lo demás.
Formación
De mi historia a mi trabajo
Lo que estudié después no fue casualidad. Cada formación respondía a una pregunta que yo necesitaba resolver primero.
Estudié terapia de trauma porque necesitaba entender por qué el cuerpo recuerda lo que la cabeza ya perdonó.
Estudié Constelaciones Familiares —me formé en el enfoque de Bert Hellinger— porque descubrí que mi historia no empezaba en mí. Que había lealtades, ausencias y destinos que venían de más atrás y que yo estaba repitiendo sin saberlo.
Estudié Flores de Bach porque los procesos emocionales necesitan acompañamiento, no solo comprensión.
Y sigo estudiando meditación, neuroplasticidad y conciencia, porque entender no basta: hay que construir algo nuevo, y eso se construye con práctica.
Antes de todo esto soy Licenciada en Administración. Lo digo porque forma parte de mi historia y porque explica algo de cómo trabajo: con estructura, con orden y con los pies en la tierra. La profundidad no está peleada con la claridad.
Estudios
Mi formación
- Licenciada en Administración
- Terapeuta Familiar
- Formación en Constelaciones Familiares — enfoque de Bert Hellinger
- Formación en Flores de Bach
- Formación en terapia de trauma
- Formación continua en conciencia y desarrollo humano
Cómo trabajo hoy
Acompaño a personas que llegan con duelos, con ansiedad, con relaciones que se repiten, con heridas de infancia, con la sensación de haberse perdido en el camino de cuidar a todos los demás.
Muchas de ellas son mujeres y hombres que dieron años enteros a sus hijos, a su pareja, a su familia, y un día se descubrieron sin saber quiénes son cuando nadie los necesita.
Trabajo yendo al origen. No me interesa que te sientas mejor un rato: me interesa que entiendas de dónde viene lo que vives, que puedas diferenciar lo que es tuyo de lo que heredaste, y que a partir de ahí construyas otra manera de estar en tu vida.
Eso no ocurre en una sesión. Ocurre con tiempo, con honestidad y con tu participación activa.
Lo que no soy
No soy alguien que ya lo resolvió todo.
Sigo trabajando en mí todos los días. Me equivoco. Tengo mis propios procesos, mis días difíciles y mis temas por mirar.
No creo en los terapeutas que se colocan por encima. Yo te acompaño desde el mismo suelo, con formación, con herramientas y con la experiencia de haber recorrido un camino parecido.
Congruencia, para mí, es intentar vivir lo que comparto. No siempre me sale. Pero es el intento diario de no decir una cosa y vivir otra.
Fuera del consultorio
Doy clases cada semana a adolescentes en centros penitenciarios, y una vez al mes a adultos. Colaboro con refugios de niñas y niños en situación de vulnerabilidad.
No lo cuento como mérito ni como parte de mi trabajo profesional. Lo cuento porque es una parte importante de mi vida y porque, sinceramente, es donde más he aprendido sobre lo que somos capaces de sostener los seres humanos.
Si algo de esto te resonó
No hace falta que sepas por dónde empezar. Ese es justo el trabajo que hacemos juntas.
Escríbeme y me cuentas qué te está pasando. Con las palabras que tengas hoy.